G20. LA AGRICULTURA EN LA AGENDA INTERNACIONAL

1 de July del 2011

(Artículo de Pedro Barato – Presidente ASAJA Nacional) El histórico acuerdo acordado esta semana en la Cumbre Agrícola del G20 celebrada en Paris, para poner freno a la volatilidad extrema que están viviendo los precios agrícolas mundiales, pone de manifiesto los errores cometidos en el pasado, frivolizando la cuestión agrícola hasta poner en peligro la alimentación a escala mundial. El drama de más de mil millones de hambrientos, una quinta parte de la población actual en el Plantea habla por sí solo y debe hacernos reflexionar a todos. En los últimos tiempos se ha bajado la guardia, confiando en que el acceso y la disponibilidad de productos agrarios estaba garantizado, y si no lo estaba con los recursos agrícolas propios, siempre podían ser importados. Las crisis de 2007/08 y la más reciente de 2010 han demostrado que no es así, provocando desequilibrios en los mercados e incluso inestabilidad y revueltas sociales y políticas en varios países y regiones del Mundo. Todos tenemos en la memoria la Crisis de las Tortillas en México, las revueltas de Zimbawe o incluso los más recientes acontecimientos en el Norte de África. Hemos abandonado la inversión en agricultura, y especialmente en las áreas rurales de los países menos adelantados, reduciéndola del 15 % al 4% en apenas 10 años. También hemos descuidado a la agricultura en los países desarrollados, responsables en buena parte de la tarea de aprovisionar de alimentos a sus ciudadanos y a otras partes del planeta. No en vano la UE es la primera importadora y la segunda potencia exportadora mundial de productos agroalimentarios. Hemos relegado la agricultura a las últimas plazas en las prioridades políticas de los gobiernos, poniendo por delante actividades conexas o pretendidamente alternativas, que luego se han demostrado inútiles sin el concurso de la actividad principal, la agrícola. Se ha despreciado la actividad agrícola, provocando cada vez un mayor distanciamiento entre el mundo rural y el urbano, restándole atractivos y facilidades para que nuestros jóvenes decidieran continuar en la agricultura y en nuestros pueblos. Solo el 6% de los agricultores europeos tiene menos de 35 años. Hemos utilizado la agricultura como moneda de cambio en las distintas negociaciones comerciales en las que nos hemos embarcado, considerándola como una mercancía más, dejándola abandonada en el proceloso mundo de la especulación financiera.  Y lo que es aun peor si cabe; hemos sentado a la agricultura en el Banquillo de los Acusados, y los agricultores y ganaderos hemos sido presentados por parte de determinados grupos como responsables de buena parte de los males que asedian a la sociedad. Es una acusación a todas luces injusta, ya que precisamente la agricultura puede y deber ser la solución de buena parte de estos interrogantes que se nos plantean en el futuro, y en primer lugar, alimentar una población que en 2050 superará los 9.000 millones de habitantes, lo que implica el reto de duplicar la producción. Parece ser que por fin la clase política ha visto la luz y ha decidido atender a las reclamaciones de los agricultores de todo el Mundo y a las distintas instituciones que veníamos advirtiendo de la necesidad de volver la mirada hacia la agricultura y su principal cometido y servicio a la sociedad, la alimentación de la población. La Declaración de los Ministros de Agricultura del G20, que han adoptado en Paris el Plan de Acción para luchar contra la volatilidad de los precios, prioridad del Presidente Sarkozy, así parece demostrarlo. Los agricultores y ganaderos damos un paso adelante y nos mostramos dispuestos a asumir nuestra parte de compromiso. Producir más y mejor. Tenemos capacidad y vocación para ello. El resto deben asumir también su compromiso. La búsqueda de unos mercados cada vez más transparentes ayudará a los Gobiernos a adoptar, de forma cada vez más coordinadas, políticas agrarias y comerciales adaptadas a la realidad de cada región y de cada situación, viendo con perspectiva, y contando con herramientas de gestión que ofrezcan mecanismos de reacción ante movimientos bruscos de los precios y los mercados que vayan más allá de los normales, teniendo en cuanta las variaciones climáticas que diferencian a la agricultura del resto de actividades económicas. Esta nueva Gobernanza Mundial permitirá garantizar un suministro estable y permanente a una población en crecimiento demográfico y en desarrollo económico, a la vez que proporcionará respuesta a la búsqueda de nuevas fuentes de energía y contribuyan al reto común de luchar contra el cambio climático. El reto alimentario implica necesariamente una inversión en agricultura, en medios de producción, en tecnología y en la mejora de los suministros y de la cadena alimentaria. Todo ello es factible a través de una reorientación de la agricultura. Y es importante que toda la sociedad se vea implicada en este esfuerzo. Como decía Sarkozy ante agricultores de todo el mundo que nos reunimos en Paris en vísperas a la reunión del G20, “ese momento es ahora, debemos aprovecharlo, porque después ya será tarde”.